jueves, 11 de junio de 2020
"Sentado a la mesa con ellos"
“Sentado a la mesa con ellos (Lc 24, 18)”. Día de la Caridad 2020
El próximo domingo, festividad del Corpus Christi, celebramos el “Día de la Caridad”. Con este motivo, los obispos de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social hacen público un mensaje para la Jornada.
“Sentado a la mesa con ellos (Lc 24, 18)”.
En la solemnidad del Corpus Christi, el Señor, compadecido de nuestra enfermedad pandémica, de nuestra desesperanza y soledad, nos invita a encontrarnos con Él en el camino y a sentarnos a comer a su mesa. Espera así que, unidos a Él, nos convirtamos en testigos de la fe, forjadores de esperanza, promotores de fraternidad y constructores de solidaridad en medio de esta situación tan dolorosa que estamos atravesando.
1. En un singular ayuno eucarístico
Hemos vivido semanas sin poder participar física y plenamente de la Eucaristía. Poco a poco vamos volviendo a una cierta normalidad al poder recuperar la participación del Pueblo de Dios en la mesa del Señor. Esta participación será progresiva y estará condicionada por el cumplimiento de las condiciones de aforo y de las normas. Muchos niños no han podido celebrar aún la Primera Comunión y no podrán acompañar a Jesús sacramentado por las calles de nuestros pueblos y ciudades el día del Corpus Christi. Quera el Señor que esta situación de ayuno eucarístico haya acrecentado en nosotros el deseo de la Eucaristía y la necesidad de profundizar en su ser y significado.
2. La tentación del abandono
El Evangelio según san Lucas contiene un pasaje precioso que recoge la experiencia de dos discípulos que habían abandonado la comunidad, se habían sentido engañados y abandonados por Jesús, que no había cumplido sus expectativas. Desanimados y entristecidos, caminaban esa tarde de domingo hacía la aldea de Emaús. Atrás quedaban sus ilusiones y esperanzas, marchitadas por la incomprensible muerte de su Maestro. De pronto, el sombrío discurrir de sus pensamientos se fue llenando de luz al compartir su historia con un Peregrino que les alcanzó por sorpresa.
Durante aquel encuentro, el Peregrino fue disipando sus dudas y tocando su corazón. Les cautivó de tal manera que ya no les importaba su noche, sino la de aquel buen hombre que quería continuar su camino; “quédate con nosotros”, le dijeron. Sentado a la mesa con ellos, al repetir los gestos de la última cena, mientras pronunciaba la bendición, partía el pan y se los iba dando, lo reconocieron. Al momento desapareció de su vista, pero les quedó clara una cosa: Cristo resucitado les había alcanzado para compartir con ellos sus oscuridades, abrir su corazón al sentido profundo de las Escrituras, compartir la mesa, alimentar su vida espiritual, edificar la comunidad e implantar el Reino. Ahora tocaba volver a Galilea para, juntos, comenzar la misión que el Maestro les había encomendado.
En nuestros días, son muchas las personas que, como los discípulos de Emaús, caminan por la vida con desánimo, sin rumbo, desengañados por malas experiencias. En ocasiones, expulsados de la convivencia social, estos hermanos viven y mueren solos ante la indiferencia de casi todos. Algunos fueron empujados a su Emaús particular por desengaños amorosos, por fracasos personales, por creerse autosuficientes o porque, sencillamente, no encontraron sitio en una sociedad tremendamente competitiva.
Esta situación de muchos hermanos y hermanas nuestros se ha visto agravada por la reciente pandemia que venimos padeciendo desde hace meses. Dios necesita de cada uno de nosotros para hacerse presente a tantos caminantes de Emaús que avanzan sin rumbo y sin ánimo. Algunos, además, no cuentan con lo necesario para llevar una vida digna pues carecen de la acogida social, de un hogar adecuado y del alimento necesario para el sustento diario. Esta pandemia no solo nos está dejando dolorosas muertes, sino que está provocando además una grave crisis económica y social.
Como consecuencia de la crisis, está creciendo el número de personas que sufren física, social, psicológica y espiritualmente. Muchas ya están experimentando la noche oscura de los discípulos de Emaús al pensar que todo está perdido. Sin embargo, en medio de tanto dolor y desánimo, al igual que los discípulos de Emaús, bastantes hermanos están descubriendo la presencia misericordiosa de Dios en aquellos que el Papa Francisco ha llamado “los santos de al lado”: el personal sanitario, las fuerzas de seguridad, los capellanes de los hospitales, los vecinos… han sido como estrellas de esperanza en el oscuro camino que nos ha tocado recorrer. Hoy, más que nunca, tenemos necesidad de muchas personas que puedan ser “santos de al lado”, de los que Dios se pueda servir para hacerse presente y ofrecer esperanza a quienes caminan perdidos y desesperanzados.
En medio de tanto dolor, no podemos olvidarnos de aquellos hermanos nuestros que han fallecido por la infección del virus. Oramos por ellos para que participen por toda la eternidad de la victoria del Resucitado. Encomendamos también a sus familiares y amigos para que, además de experimentar la cercanía y el calor de los más cercanos, puedan también descubrir en Jesucristo el fundamento de su esperanza y el faro que ilumine su peregrinación por este mundo hasta el reencuentro futuro.
La Iglesia, la familia de los hijos de Dios, imitando a su Maestro, quiere seguir ofreciendo el sustento material a quien lo necesita, el acompañamiento a quienes se sienten solos y el alimento espiritual, que nace de la Palabra y de los Sacramentos, a todos los que tienen hambre de Dios o necesitan encontrarse con Él para descubrir el verdadero sentido de su vida. Esta es la gran obra social que la Iglesia, nacida del mismo Jesucristo, quiere seguir realizando hasta el encuentro definitivo con el Padre.
3. Eucaristía: fuente del amor, de la comunión y del servicio
El día antes de culminar su entrega a Dios y a los hermanos, muriendo en la cruz, Jesús, durante la última cena con sus discípulos, quiso dejar un memorial de su obra de salvación instituyendo la Eucaristía. Durante la celebración, pide a los discípulos que renueven aquel gesto y aquellas palabras en memoria de su vida entregada por amor. Con las palabras “haced esto en memoria mía”, confía a la comunidad cristiana el encargo de reunirse con asiduidad para celebrar este misterio de amor y comunión.
La Eucaristía es, por tanto, para el cristiano, el memorial del amor de Dios hacia cada ser humano, que se manifiesta en la entrega de su Hijo Jesucristo. Al participar con fe en la celebración eucarística nos unimos profundamente a Cristo y recibimos de Él la fuerza y el amor necesarios para vivir nuestra entrega generosa y servicial a los hermanos. En cada Eucaristía, actualizamos sacramentalmente este misterio de amor, pero un día al año, el día del Corpus Christi, lo hacemos con una especial solemnidad. Por eso, en esta jornada, la Iglesia celebra también el día de la Caridad, puesto que anunciamos y celebramos con profunda fe que de la Eucaristía mana la fuente de todo amor y santidad.
La Iglesia, inundada de alegría, adorna, canta, proclama y adora a Cristo muerto y resucitado en el sacramento de la fe y de la comunión. Él es el origen, camino y meta que puede dar sentido a toda existencia humana y que muestra la vocación a la que es llamado todo cristiano. Jesús nos da realmente su Cuerpo y su Sangre, verdadero maná, que alimenta nuestra vida y la llena de sentido nuestra peregrinación por este mundo hacía la patria celestial. Al recibir al Señor, recibimos el don de la comunión para vencer el virus de la división y el don del amor para hacer frente a la pandemia de la indiferencia.
Además de alabar y dar gracias a Dios por haberse quedado con nosotros hasta el fin de los tiempos, hemos de acoger con gozo su invitación a colaborar con Él en el anuncio del Reino, en la atención a los hermanos y en la transformación del mundo. En la Eucaristía experimentamos la alegría de vivir y recibimos el alimento necesario para reparar nuestras fuerzas desgastadas en el servicio a los hermanos.
Este trabajo de transformación del mundo no podemos llevarlo a cabo solos. Necesitamos de todos y particularmente de nuestras autoridades políticas, civiles, económicas y religiosas. Necesitamos personas con mucha paciencia, con la mirada puesta en los más frágiles de nuestra sociedad, y con una firme voluntad de llegar a acuerdos y de aplicarlos.
Que exista esa voluntad, es hoy lo más importante. Pedimos a todos los ciudadanos que ayuden a hacer posible un diálogo constructivo y eficaz. Oramos para que los muros sean superados, para que los egos, los intereses particulares y las ideologías sean dejadas a un lado. Oremos para que cuando los interlocutores se encuentren juntos en la misma sala, se miren a los ojos y perciban nuestro clamor y ánimo: «adelante, ustedes pueden…». Esperamos que de estos encuentros emerja también la complicidad y que el gesto de afecto facilite el acercamiento de posturas. Oramos para que el virus de la división, el diabolos, que estará siempre al acecho, no consiga romper el buen hacer de todos los interlocutores pues está en juego la construcción del bien común en esta querida casa de todos, que es nuestra sociedad.
4. Comunidad misionera al servicio de los pobres
Desde la comunión con quienes sufren a causa de la enfermedad o de la muerte de sus seres queridos, y desde la cercanía a tantas personas que carecen de lo necesario para vivir dignamente, el Señor nos invita a dejarnos alcanzar por Él, a compartir su mesa, a ser sus discípulos y, llegado el momento, nos anima a salir en misión. No podemos quedarnos bloqueados por el dolor. El Señor nos llama constantemente a ser discípulos misioneros, a salir a los caminos y encrucijadas de la historia para convocar a todos, especialmente a los desesperanzados, a los pobres y excluidos, a los que experimentan la violencia y la persecución, y a los que habitan en las diferentes periferias de nuestro mundo.
En cada Eucaristía el Señor nos invita a ser como el peregrino del Evangelio que sale al encuentro de tantos hermanos y hermanas que, como los discípulos de Emaús, deambulan por la vida, marcados por la oscuridad del sinsentido, de la falta de un hogar, de la soledad e incluso de las ganas de vivir. Al comulgar con el Cuerpo de Cristo, somos enviados por Él con la energía y la luz necesarias para salir al mundo, para partirnos por los heridos de la vida, para forjar las comunidades que puedan recibirlos con hospitalidad evangélica.
Quienes se preguntan dónde está la Iglesia en estos momentos, pueden dirigir su pregunta a los pobres, a los enfermos, a los discapacitados, a los que están solos, a los ancianos abandonados, a los que buscan sentido en medio de la oscuridad, a los que han perdido un familiar querido, a tantos que buscan a alguien que les escuche… Ellos han encontrado el rostro de la Iglesia en la acogida de los miembros de Caritas y de tantas otras entidades de Iglesia, en los hospitales, los comedores, los centros de acogida y las residencias de ancianos de parroquias y de diversas instituciones eclesiales. Ellos la han encontrado en tantos hombres y mujeres creyentes, que también son la Iglesia, y que se gastan y desgastan por edificar un mundo más justo, más fraterno, más humano y más abierto a Dios. La han encontrado en tantos médicos, enfermeros, auxiliares, transportistas, farmacéuticos, policías, militares, muchos de ellos católicos, que son también la Iglesia. La Iglesia, con la ayuda del Señor, seguirá realizando este servicio diariamente, con humildad, sin pretender ocupar las primeras páginas de los periódicos.
Hoy, día del Corpus Christi y de la Caridad, la Iglesia que peregrina en España da gracias a Dios por los miles de católicos que, unidos al Señor, iluminados por su Palabra, alimentados del Cuerpo de Cristo, viven ofreciendo sus vidas y sus recursos a los más necesitados. Damos gracias a los agentes de pastoral, a los voluntarios de Caritas y de tantísimas otras instituciones de la Iglesia. Esta familia que es la Iglesia invita a orar con intensidad por todos ellos, para que el Señor les regale fortaleza de espíritu y lucidez para afrontar la nueva realidad de necesidad y pobreza que está emergiendo. Y, al mismo tiempo que recibe el don del Corpus Christi, invoca la especial intercesión de María para que nos libre de la pandemia provocada por el coronavirus y de tantas otras pandemias que a veces nos quedan lejanas pero que provocan sufrimiento a muchos hermanos y hermanas de aquí y del mundo entero. Que Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, nos ayude a poner siempre nuestro corazón en los bienes del cielo y oriente nuestra mirada hacia sus hijos más necesitados.
Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social
lunes, 8 de junio de 2020
Nuestro abogado, Cristo Jesús
Dios quiso acostumbrarse a la carne humana en Jesús de Nazaret (Irineo de León), y ese Dios quiere acostumbrarse a nuestra propia carne. ¿Por qué Dios me busca incesantemente? Y ¿por qué Dios está enamorado de mí?
Aquí Dios se nos muestra débil ante el ser humano; Dios se nos comunica ante la debilidad del Crucificado. ¿Por qué Dios es débil? Porque Dios es vulnerable. Y es vulnerable porque nos quiere. Lo mismo que nosotros somos vulnerables desde el momento en que empezamos a querer a alguien.
Desde ahí se nos transmite cuál es el secreto de la vida humana. Es un secreto muy sencillo: "querer y ser querido".
Es una gran desgracia pasar por la vida sin aprender lo que es la esencia humana: el Amor.
Jesús se abajó para ponerse al servicio de los últimos. Esta es la mayor grandeza humana.
Dios nos pide invertir nuestras categorías. ¡Dios es incomprensible!, porque la máxima revelación de Dios es la de un Hombre crucificado, demostrándonos que Él nos ama, nos perdona y nos dice "no pequéis, y si pecáis, no os abruméis" (1ª de S. Juan), porque abogado tenemos ante el Padre, Cristo Jesús.
(De la conferencia "Revivir a Dios en el encuentro con el otro" del Dr. Juan Antonio Estrada, S.J.)
Aquí Dios se nos muestra débil ante el ser humano; Dios se nos comunica ante la debilidad del Crucificado. ¿Por qué Dios es débil? Porque Dios es vulnerable. Y es vulnerable porque nos quiere. Lo mismo que nosotros somos vulnerables desde el momento en que empezamos a querer a alguien.
Desde ahí se nos transmite cuál es el secreto de la vida humana. Es un secreto muy sencillo: "querer y ser querido".
Es una gran desgracia pasar por la vida sin aprender lo que es la esencia humana: el Amor.
Jesús se abajó para ponerse al servicio de los últimos. Esta es la mayor grandeza humana.
Dios nos pide invertir nuestras categorías. ¡Dios es incomprensible!, porque la máxima revelación de Dios es la de un Hombre crucificado, demostrándonos que Él nos ama, nos perdona y nos dice "no pequéis, y si pecáis, no os abruméis" (1ª de S. Juan), porque abogado tenemos ante el Padre, Cristo Jesús.
(De la conferencia "Revivir a Dios en el encuentro con el otro" del Dr. Juan Antonio Estrada, S.J.)
domingo, 7 de junio de 2020
"Revivir a Dios en el encuentro con el otro"
El gran secreto cristiano es que Dios, ante todo y sobre todo es Padre maternal, que nos enseña misericordia y que nos pide que esa misericordia que nos tiene, que nosotros la tengamos con las personas con las que nos encontramos. Esto es, que nosotros seamos imagen y semejanza de Dios.
El imperativo cristiano es que tú te encuentres con Dios en el encuentro con el otro. Porque, o encontramos a Dios en las relaciones interpersonales o no lo encontraremos en ningún lado.
El rostro del otro es el que nos interpela. ¿De quién es ese rostro? Del que sufre, del injustamente condenado, del que lo está pasando mal en la vida, del que tiene cada vez más problemas de subsistencia tanto desde el punto de vista físico como moral.
Si Dios se ha humanizado para que nosotros nos divinicemos, la única manera que tenemos de divinizarnos es abrirnos a la humanización con los otros.
El hombre isla pierde la posibilidad de enriquecerse de la complementariedad de las relaciones humanas.
El imperativo cristiano es que tú te encuentres con Dios en el encuentro con el otro. Porque, o encontramos a Dios en las relaciones interpersonales o no lo encontraremos en ningún lado.
El rostro del otro es el que nos interpela. ¿De quién es ese rostro? Del que sufre, del injustamente condenado, del que lo está pasando mal en la vida, del que tiene cada vez más problemas de subsistencia tanto desde el punto de vista físico como moral.
Si Dios se ha humanizado para que nosotros nos divinicemos, la única manera que tenemos de divinizarnos es abrirnos a la humanización con los otros.
El hombre isla pierde la posibilidad de enriquecerse de la complementariedad de las relaciones humanas.
Esta es la gran lección que Jesús nos transmite, que cuanto más nos damos a los demás, en lugar de empobrecernos, nos enriquecemos. De ahí que la dinámica del Evangelio, es la dinámica de la fecundidad y la generosidad de Dios, que, nos fecunda y nos hace generadores de vida.
(De la conferencia "Revivir a Dios en el encuentro con el otro" del Dr. Juan Antonio Estrada, S.J.)
miércoles, 3 de junio de 2020
¿Qué celebramos los cristianos?
No es "un acto piadoso", ni "una devoción particular". Es la celebración que lleva a cabo "una comunidad subversiva", que apuesta por el Crucificado y por todos los crucificados de la historia. Apuesta por tantos cuerpos triturados y tanta sangre derramada por tantos "sin oportunidades", tantas veces apartados fuera del camino de la historia.
Quiere ser una "Buena Noticia" para tantos que apenas reciben "noticia buena" alguna.
Pedimos al Señor que nos ayude a poner nuestro corazón en esta tarea; pero, vamos, sobre todo, a darle gracias, por todos los pasos que ya hemos dado por este camino que Él nos propone.
(Reflexiones entresacadas del libro "Conectados y ¿Vinculados?"
miércoles, 8 de abril de 2020
La fraternidad alumbra la espera
Querida
familia de Cáritas:
Estamos
en Semana Santa, este año nos encuentra en una situación local y global muy
particular que llevamos viviendo ya unas semanas... días de incertidumbre, de
miedos, de preguntas, de dolor,... también de buscar nuevas respuestas, de
compromiso, de aplausos, de cuidar lo importante... ahí se va fraguando la
VIDA.
Desde
el Equipo Directivo queremos compartir esta nota de prensa de la Conferencia
Episcopal Española y Cáritas Española por si nos ayuda a nutrir, a alimentar
estos días con más sentido que nunca por eso, aunque no podamos reunirnos en
las celebraciones podemos unirnos en un sentido de fraternidad sin
fronteras, fraternidad desde el corazón que alumbra la esperanza como
nos propone este comunicado.
También
el Delegado de Cáritas Diocesana de Palencia, para cada día del Triduo Pascual,
nos va a ofrecer un texto breve para invitarnos a la oración, de este modo nos
podremos convocar y unirnos desde donde nos encontremos. Cada día, enviaremos
este texto por correo electrónico.
Con
los mejores deseos, Feliz Semana Santa
Acción de la Iglesia ante el impacto social del coronavirus
La Iglesia española llama a expresar la solidaridad
con los afectados en el Día del Amor Fraterno
Propone
encender una vela en el momento de compartir la cena
y apoyar la campaña de solidaridad «Cada gesto cuenta» de Cáritas
y apoyar la campaña de solidaridad «Cada gesto cuenta» de Cáritas
Madrid,
3 de abril de 2020 - En pleno impacto sanitario y social de la pandemia del coronavirus, que está causando una
grave precariedad social y un intenso sufrimiento en tantas familias de nuestro
país, la Iglesia española, a través de Cáritas, la Conferencia Episcopal y los
medios de comunicación Cope, Trece TV y Ecclesia, invitan a vivir la Semana
Santa en clave de fraternidad con todos los afectados.
La
celebración del Día del Amor Fraterno en el día de Jueves Santo es un momento
privilegiado, en estos días que celebramos como Iglesia la pasión, muerte y
resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, para llamar a vivir la fraternidad y
hacer vida real el mandamiento nuevo del amor.
La fraternidad alumbra la esperanza
Hay
formas concretas de expresar esa solidaridad y cercanía con todos aquellos que
atraviesan por circunstancias difíciles a causa del coronavirus.
Una
de ellas es el gesto que Cáritas y la Conferencia Episcopal proponen para el
día de Jueves Santo bajo el lema “La
fraternidad alumbra la esperanza”. Se trata de encender una vela en el
momento de compartir la cena, acompañado de una oración-bendición.
Con
este gesto se invita a unirse a Jesús en su Última Cena y a todos por los que
Él se entrega. En un día donde, a causa del aislamiento, sólo hemos podido
celebrar la Eucaristía de manera virtual, este gesto nos ayudará a sentirnos,
si cabe, más unidos entre nosotros, más en común-unión con todos y con toda la
Humanidad sufriente por esta pandemia global. Al encender una vela, nos unimos
en comunidad fraterna y alumbramos la Pascua que esperamos.
Apoyo económico a las personas más vulnerables
Otro
gesto a través del cual es posible expresar en el Día del Amor Fraterno esa
cercanía solidaria con los afectados ante el impacto del coronavirus es
canalizar ese compromiso a través del apoyo económico a la campaña de
emergencia “Cada
gesto cuenta” lanzada por Cáritas para apoyar las
necesidades más urgentes de las personas en situación más vulnerable.
Son
innumerables las iniciativas solidarias que todas las 70 Cáritas Diocesanas de
España y cada
una de las Diócesis están desarrollando, bajo el lema “La Caridad
No Cierra” para acompañar las necesidades básicas de quienes se encuentran en
condiciones de mayor precariedad, como son, entre otros, las personas sin
hogar, los mayores o las familias con escasos recursos.
Los
efectos del Covid-19 en las condiciones económicas y sociales del país están
siendo muy intensos y todo indica que, debido a la crisis de empleo en ciernes
y la falta de ingresos a la que ya se enfrentan cientos de miles de familias,
las demandas de apoyo urgente van a multiplicarse. En ese escenario, los
esfuerzos de acompañamiento de Cáritas estarán, como en ocasiones recientes,
allí donde las necesidades de las personas más frágiles sean mayores.
Hacer memoria para amar sirviendo
Cada
Jueves Santo, la Iglesia hace memoria agradecida de la Última Cena de Jesús con
sus discípulos y de esa experiencia radical del amor fraterno que Jesús quiso
expresar en el gesto del lavatorio de los pies, que es expresión del amor hecho
servicio.
No
hay amor si no se aprende a conjugar el verbo servir, si no se está dispuesto a
despojarse de todo aquello que estorba, sin ponerse a los pies de aquel que nos
necesita.
En
este Día del Amor Fraterno de 2020, cuando Jesús nos invita a sentarnos a su
mesa, a compartir el pan y la vida, a aprender la lección del servicio, es el
momento en el que este servicio debemos centrarlo de forma concreta en los
golpeados por el coronavirus y, especialmente, en quienes están en situación de
mayor vulnerabilidad y exclusión social ante la pandemia.
Algunas actitudes para vivir la fraternidad
Dentro
de la llamada que Cáritas y la Conferencia Episcopal lanzan para vivir este año
la jornada del Amor Fraterno potenciando el valor de la acogida, se apuntan
algunas actitudes que pueden ayudar a vivir el amor fraternal:
- Mirada atenta para descubrir la necesidad del otro, comenzando por aquellos con quienes compartimos el hogar y el confinamiento.
- Humildad para reconocer la propia vulnerabilidad y acoger el cariño y la cercanía del otro.
- Ayuda mutua. Es la hora de una fraternidad inteligente, ejemplar y creativa para superar el individualismo y descubrir que nos necesitamos todos.
- Compasión. Sentir con el otro y estar al lado compartiendo desalientos y esperanzas.
- Responsabilidad para cuidarse y cuidar al otro, asumiendo las consecuencias de las propias acciones.
- Gratuidad. Amar es dar, es dar-se, ofrecer lo que soy y tengo, aunque parezca insignificante.
- Acompañar como expresión del amor hecho servicio generoso, entregado y cercano.
- Orar contemplando a Cristo en su Cruz y mirando con ternura a todos los que sufren.
- Esperanza, la que viene de Cristo resucitado, que ilusiona y abre al futuro porque con la Pascua llegan días de salvación y alegría.
Oración-bendición
Asimismo,
y con objeto de acompañar el encendido de una vela en el momento de compartir
la cena, Cáritas y la Conferencia Episcopal proponen una oración-bendición:
Gracias
Señor, porque nos amaste hasta el final,
hasta el extremo que se puede amar: dar la vida por otro.
hasta el extremo que se puede amar: dar la vida por otro.
Gracias
Señor, porque en la última cena
partiste tu pan y vino, para saciar nuestra hambre y nuestra sed...
partiste tu pan y vino, para saciar nuestra hambre y nuestra sed...
Gracias
Señor, porque en la Eucaristía nos haces UNO contigo,
nos unes a tu vida, en la medida en que estamos dispuestos
a entregar la nuestra...
nos unes a tu vida, en la medida en que estamos dispuestos
a entregar la nuestra...
Gracias
Señor, porque en el pan y el vino
nos entregas tu vida y nos llenas de tu presencia.
nos entregas tu vida y nos llenas de tu presencia.
Gracias
Señor, porque quisiste celebrar tu entrega, en torno a una mesa
con tus amigos, para que fuesen una comunidad de amor.
con tus amigos, para que fuesen una comunidad de amor.
Bendice
nuestra cena, Señor; bendice a nuestros hermanos más frágiles
y enfermos con quienes hoy nos sentimos especialmente unidos;
que la fraternidad alumbre para ellos la esperanza.
y enfermos con quienes hoy nos sentimos especialmente unidos;
que la fraternidad alumbre para ellos la esperanza.
AMEN.
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COVID 19»
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661.20.79.41)
jueves, 5 de marzo de 2020
Abriendo caminos
CARITAS DIOCESANA
DE PALENCIA SENSIBILIZANDO A LA COMUNIDAD
Seguimos desarrollando el programa de promoción de
voluntariado y fomento de la participación “Abriendo Caminos”, que Cáritas Diocesana de Palencia tiene como uno de sus proyectos.
El pasado día 28 de
Febrero, tuvimos presencia en el programa “El
espejo de la Iglesia” de la cadena Cope en Palencia, con el testimonio de
una voluntaria. En la entrevista se destacó la importancia de ser voluntario/a,
su ser y hacer, ya que Cáritas es responsabilidad
y compromiso comunitario. Nuestro proyecto de vida se enriquece cuando elegimos
vivirlo y compartirlo con otras personas. Estamos llamados a crear espacios de
humanidad y de encuentro, donde las personas excluidas son el fundamento. Somos
los invitados/as a salir al encuentro de
las personas que padecen la soledad y el abandono, de las personas más necesitadas.
El voluntariado de Cáritas Diocesana de
Palencia, desde los distintos programas, trabaja por el bien común, buscando
crear las mejores condiciones para que todos/as podamos vivir dignamente,
luchando contra los mecanismos que generan pobreza y exclusión.
Desde esta actividad
de sensibilización, se invitó a la participación en los diferentes programas con
los que Cáritas realiza su actividad.
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